Un nuevo mundo cercano: descubren un planeta rocoso y “templado”

Un equipo internacional de astronomía anunció el descubrimiento de TOI-1080 b, un planeta pequeño y probablemente rocoso que orbita una estrella cercana a unos 83 años luz de la Tierra. El hallazgo no solo suma un nuevo mundo al catálogo de exoplanetas: también abre una oportunidad concreta para estudiar, como nunca antes, la posible presencia de atmósferas en planetas similares al nuestro.

Del descubrimiento participaron investigadores de todo el mundo, entre ellos dos integrantes del Grupo de Caracterización Estelar y Planetaria (GrEP) del Observatorio Astronómico de Córdoba (UNC) e investigadores del CONICET: Romina Petrucci y Emiliano Jofré, quienes forman parte del equipo que analizó y confirmó la naturaleza del planeta.

TOI-1080 b tiene un tamaño de aproximadamente 1,2 veces el de la Tierra y tarda menos de cuatro días en completar una órbita alrededor de su estrella. Esa cercanía hace que su temperatura sea elevada —alrededor de 95°C—, por lo que no se lo considera habitable en el sentido estricto.Sin embargo, aunque es un mundo caliente, no alcanza las temperaturas extremas de otros exoplanetas cercanos a sus estrellas..

“El interés por este tipo de mundos es enorme porque representan una clase de planetas que todavía conocemos poco”, explica Romina Petrucci, astrónoma del Observatorio Astronómico de Córdoba e investigadora del CONICET. “Son pequeños, potencialmente rocosos y orbitan estrellas cercanas, lo que los convierte en candidatos ideales para estudios más detallados”.

El planeta fue detectado inicialmente por el satélite TESS (de la NASA), que busca caídas sutiles en el brillo de las estrellas cuando un planeta pasa por delante —un fenómeno conocido como tránsito—. Luego, observaciones desde la Tierra permitieron confirmar que la señal correspondía efectivamente a un planeta y no a otro tipo de objeto astronómico.

Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es la estrella alrededor de la cual orbita TOI-1080 b. Se trata de una enana roja, más pequeña y fría que el Sol, pero también muy poco activa. Esta característica es clave: las estrellas “tranquilas” facilitan la detección y el análisis de planetas pequeños, ya que no “ensucian” los datos con variaciones intensas de brillo.

“Este sistema es particularmente interesante porque combina varios factores favorables: cercanía, tamaño del planeta y una estrella estable”, señala Emiliano Jofré, investigador del Observatorio Astronómico de Córdoba e investigador del CONICET. “Eso lo convierte en un excelente laboratorio para futuras observaciones”.

Aunque los científicos pudieron determinar con precisión el tamaño y la órbita del planeta, su masa aún no está bien medida. Sin embargo, a partir de su radio, estiman que es muy probable que se trate de un mundo rocoso, similar en composición a la Tierra. Este tipo de planetas —más pequeños que los gigantes gaseosos— son especialmente valiosos porque podrían ofrecer pistas sobre cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios.

La contribución del equipo  argentino 

Además, los investigadores del Grupo de Caracterización Estelar y Planetaria (GrEP) del Observatorio Astronómico de Córdoba tuvieron un rol clave en el análisis del sistema. Su trabajo permitió caracterizar con precisión la estrella anfitriona y evaluar la posible presencia de otros planetas en el sistema.

“Nuestro análisis de los datos espectroscópicos infrarrojos permitió derivar propiedades fundamentales de la estrella —como su temperatura, gravedad superficial, metalicidad, masa y radio— y confirmar que no se trata de una estrella evolucionada gigante fría, sino de una estrella enana de secuencia principal. En particular, la identificación de ciertas características en el espectro, típicas de estrellas enanas, fue clave para establecer su verdadera naturaleza”, explica Emiliano Jofré.

“Por otro lado, el análisis detallado de la fotometría de TESS nos permitió descartar la presencia de planetas adicionales en tránsito dentro de un amplio rango de tamaños y períodos orbitales, reforzando la interpretación de TOI-1080 b como un sistema bien caracterizado”, agrega Romina Petrucci.


El desafío de mirar más allá

El gran desafío, sin embargo, está en otro lado: detectar si tiene atmósfera.

En los últimos años, incluso con instrumentos avanzados como el telescopio espacial James Webb, estudiar atmósferas en planetas rocosos ha resultado mucho más difícil de lo esperado. Por eso, encontrar candidatos adecuados es una prioridad para la astronomía actual.

En ese contexto, TOI-1080 b se destaca como un objetivo privilegiado. Su cercanía y las condiciones de su sistema lo vuelven ideal para futuras observaciones que intenten responder una de las preguntas más fascinantes de la ciencia: qué tan comunes son los mundos como la Tierra en el Universo.

Cada nuevo planeta descubierto suma una pieza a ese rompecabezas. Pero algunos, como TOI-1080 b, hacen algo más: ofrecen la posibilidad real de ir un paso más allá y empezar a conocerlos en detalle. Y en ese camino, la participación de investigadores argentinos vuelve a poner en evidencia el aporte local a una de las grandes exploraciones científicas de nuestro tiempo.


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